Una historia de mujeres en las comunidades de Oaxaca, México.

Autor: Palmira Arnaz
Jueves, 8 de Junio del 2017, 12:00 am

De acuerdo con sus propias palabras, hace no mucho tiempo, eran los hombres los encargados de todo el proceso, sin embargo, las mujeres han ido ganando espacios y constituyen parte de las empresas forestales comunitarias. Las historias de Claudia Avendaño, Maribel Paz García y Lennis Pérez López, son ejemplos exitosos de la incorporación de jóvenes mujeres mexicanas que se han capacitado y cambiado algunas de las costumbres, para mejorar a sus comunidades. El impacto de estos cambios, es para mejorar la calidad de vida de sus familias y de las comunidades a las que pertenecen. Pero también han cambiado la forma de percibirlas en sus comunidades y son reconocidas y respetadas por sus compañeros y colaboradores, hombres y mujeres de todas las edades. La historia inicia con Claudia Avendaño, de la Comunidad de Santa Catarina Ixtepeji, Oaxaca.(I) Sembrando la semilla del manejo forestal responsableElla estudió la primaria y durante algún tiempo, su principal actividad era la de hacer tortillas. Por iniciativa propia y buscando otras oportunidades de desarrollo, se puso a investigar acerca de otros trabajos que pudiera hacer dentro de la propia comunidad y así fue como llegó al Vivero de Santa Catarina Ixtepeji.En este lugar, encontró un espacio de trabajo agradable y que ella considera muy importante, ya que es aquí en donde se producen los arbolitos con los que se reforesta el bosque con certificación FSC y es el primer paso en la cadena productiva de la industria forestal, principal actividad económica de la comunidad.Claudia relata que trabajar allí es una actividad que disfruta, que le proporciona un ingreso económico para apoyar a su familia y además contribuye creando nueva vida en el bosque. Para Claudia y sus tres hijos, el apoyo que se dan entre todos los integrantes de la comunidad es una gran enseñanza, ya que han ido cambiando poco a poco las costumbres y cada vez más las mujeres se han incorporado a los trabajos que antiguamente se consideraban exclusivos de los hombres: “Ahora las cosas han cambiado, todas tenemos derecho de trabajar en este medio. Antes decían que era un trabajo de hombres y así nos criaban. Ahora entre los dos, hombres y mujeres nos apoyamos. Los hijos ya crecieron con otra mentalidad y ya saben que son iguales.”Todas las trabajadoras del vivero son mujeres. Entre sus responsabilidades se encuentra el recolectar la semilla, seleccionarla, limpiarla y colocarla en las camas preparadas especialmente. Las semillas se ponen al sol y brotan solitas, después hay que seleccionar las pequeñas plantas y colocarlas en cajones para que crezcan y más adelante ser llevadas al bosque para su reforestación, como parte del proceso de manejo forestal responsable.Todas ellas se apoyan entre sí y al mismo tiempo contribuyen al bienestar de la comunidad, de la empresa forestal y de sus propias familias.Claudia expresa lo que para todas ellas representan los bosques: “Los bosques son necesarios para la comunidad porque nos dan muchas cosas como el agua, ecoturismo y oportunidades de empleo para los que estamos aquí. Es por eso que es importante mantenerlos y cuidarlos y nosotras en el vivero y a través de la certificación contribuimos a que eso pase, eso me hace querer mi trabajo y hacerlo con muchas ganas.”